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El denominado “ho´oponopono” es una práctica ancestral fundamentada en la consciencia de ser y en la doble dimensión de ésta como “alerta” y “espacio”.

La consciencia se relaciona con “ser” y cuenta con dos esferas indisolublemente ligadas: “consciencia de lo que se es” y “consciencia de lo que es”. La primera se refleja en estar “alerta”: sé y siento lo que soy (toma de consciencia de lo que se es, de quien soy). Y la segunda, con el “espacio”: mi ser es el espacio en el que surgen las formas del ahora (toma de consciencia de lo que es, de lo que es la realidad). “Yo soy el que soy” sintetiza esta doble perspectiva. Permanezco en alerta siendo y sintiendo en el ahora mi ser verdadero y subyacente, eterno, inmutable. Y constato cómo mi ser es la forma del momento presente, lo que explica y en lo que se despliegan los contenidos cambiantes del ahora.

Nada es, por tanto, ajeno a mi Ser: ni mi Yo verdadero, pues es mi Ser mismo; ni las formas mutables del ahora continuo, pues yo soy el espacio en el que existen y se desenvuelven. Al adquirir esta conexión con el Yo verdadero, no utilizo el ahora en otra cosa que no sea para Amar. Y comprendo y acepto que tengo el 100 por 100 de la responsabilidad de todas las cosas que me ocurren y suceden a mi alrededor y de la globalidad de las formas mutables del momento presente, del ahora, de la vida. El pecado no existe, ni nadie nos juzga, pero cada uno tiene la completa responsabilidad de su vida y de los hechos, relaciones, encuentros y eventos que en ella se producen.

Este convencimiento estaba presente en antiguas culturas. Y en ese mismo convencimiento se basa precisamente el ho´oponopono, que nos recuerda que la vida es realmente una cadena de vidas físicas y que guardamos en nuestra memoria trascendente, en el “disco duro” sutil de cada uno, todos los pensamientos generados y experiencias acontecidas a lo largo de la citada cadena vital. Son estos pensamientos (los plenos de Amor, pero también los dolorosos y funestos) y experiencias (las llenas de Amor, pero igualmente las carentes de él y que han causado daño a nosotros mismos o a los demás) los que mantenemos en nuestro disco duro y proyectamos hacia la dimensión superficial –formas y contenidos- del momento presente y del mundo exterior, que es moldeada por nosotros mismos a semejanza nuestra.

De esta manera, ho´oponopono ofrece la posibilidad de revalorizar los archivos con Amor y eliminar los sin Amor, liberando la energía de experiencias y pensamientos cargados de daño y error que son causa y origen de desequilibrios, desasosiegos, insatisfacciones, enojos, enemistades y enfermedades.El ho´oponopono proviene de tradiciones indígenas del Pacífico, en general, y de la cultura hawaiana, en particular. Literalmente significa “acertar el paso” o “corregir el error”. De acuerdo con arcaicas creencias, el error proviene de experiencias dañinas y pensamientos frustrantes desplegados en otras vidas y que se acumulan en la memoria donde almacenamos nuestra existencia –cadena de vidas-. Esta memoria trascendente, incluida la parte de la misma contaminada por tales experiencias y pensamientos faltos de Amor, aflora y se manifiesta en nuestra vida actual, reflejándose y explicando multitud de actos, sucesos y circunstancias que vivimos y nos rodean. Ante esto, la práctica del ho´oponopono nos enseña a que conscientemente agradezcamos a nuestro Ser profundo las cosas bellas y hermosas que ahora vivimos -cual modo de subrayar y poner en valor la parte (archivos del disco duro) repleta de Amor que la memoria trascendente atesora- y reconozcamos y asumamos como responsabilidad propia la totalidad de las vivencias dolorosas del presente –cual forma de eliminar y borrar la parte (archivos del disco duro) carente de Amor que la misma memoria 

El ser humano es una unidad energética y vibracional en la que conviven tres gamas o modos vibratorios: Espíritu o Yo verdadero –en terminología ho´oponopono, “Aumakua”, “Superconsciente” o Padre-; cuerpo físico, con la mente y el intelecto como componente más desarrollado –“Uhane”, “Consciente” o Madre-; y alma, que, junto al ADN sutil (“células del alma”), almacena las experiencias acumuladas durante la cadena de vida –en ho´oponopono se llama “Unihipili”, “Subconsciente” o “Niño Interior” a esta conjunción de energía consciencial-.

Pues bien, éste último componente es el responsable de todo lo que proyectamos desde nuestro disco duro hacia las formas del mundo exterior. El Unihipili acumula los archivos de memoria, tanto de esta vida como de las restantes de la cadena de vidas que recorremos en nuestra encarnación en el plano humano; y lanza sus contenidos a las formas del momento presente, moldeándolas a nuestra semejanza. Sin embargo, el ser humano consciente está en condiciones de incidir sobre esa memoria y los archivos para afianzar las experiencias y pensamientos plenos de Amor –que se manifiestan en hechos positivos y hermosos de nuestra vida de ahora- y eliminar los llenos de odio, frustración y resentimiento –que se plasman en circunstancias y vivencias negativas y dolorosas de la vida presente-.

¿Cómo hacerlo? Por medio del Uhane o Consciente, que es a quien corresponde decidir que aceptamos al 100 por 100 la responsabilidad de nuestra vida. Esta aceptación posibilita que trabajemos en el archivo que haya generado la situación que nos afecta en la actualidad, en la idea de que todo en nuestra vida nos llega para que borremos energías perniciosas guardadas en la memoria trascendente o afiancemos los archivos llenos de Amor que también atesora.

Comunicación con nosotros mismos

Para la puesta en práctica del Uhane con esta finalidad, debemos dejar a un lado la racionalidad y el intelecto, confiar en nuestra dimensión subyacente –Espíritu, Amor- y trabajar con las herramientas que el ho´oponopono ofrece. Son sencillas y directas. La más fructífera consiste en establecer una comunicación fluida y constante entre el Uhane o Consciente y el Aumakua o Ser profundo.

Así, para fijar y potenciar en la memoria los pensamientos y experiencias de Amor, es suficiente con que desde el Uhane digamos “gracias” o “te quiero” a nuestro Ser interior ante las cosas hermosas de nuestra vida cotidiana. Y para borrar los pensamientos y experiencias sin Amor, basta con que digamos “lo siento, perdóname por la parte de mí que ha creado esto y lo ha traído aquí, lo ha puesto en mí o lo ha proyectado a otro o a los demás”. Y recordando siempre que damos gracias o pedimos perdón a nosotros mismos, no a alguien o algo ajeno a mí. No hay nada fuera que nos traiga nada; no somos pecadores ni culpables; nadie nos juzga. Nuestro Espíritu sólo nos pide que desde el Consciente digamos “gracias” o “lo siento”. Creas lo que crees; y si Yo lo he creado, Yo lo puedo cambiar. Esto es aceptar el 100% de responsabilidad de nuestra vida.

“Ho´oponopono” impulsa, por tanto, una comunicación consciente con nuestro Ser interior para que éste tome el mando y afiance o borre, según el caso, partes concretas de nuestra memoria trascendente. Y la respuesta ante tal comunicación es automática, aunque no la proporciona el intelecto, sino nuestra energía divina, a la que conscientemente dejamos fluir y operar para recalcar o eliminar componentes de la memoria. El intelecto y la mente no tienen capacidad para incidir en la memoria trascendente: ni saben dónde está ni conocen el archivo dañado. Por lo mismo, tampoco debemos permitir que forjen expectativas sobre los efectos e impactos de la respuesta que se produzca, pues el intelecto carece de información para ponderar lo que determinada circunstancia realmente nos reporta: hay situaciones negativas que evitan otras peores, acontecimientos dolorosos que nos abren las puertas de la felicidad o de la consciencia, etcétera.

Ni siquiera tengo que pensar qué archivos del disco duro son los que deseo afianzar o borrar; sólo dar las gracias o pedir perdón ante los avatares, situaciones y contactos de la vida. Nuestro Espíritu o Aumakua conoce muy bien la parte de nuestra memoria que a continuación se debe poner en valor o limpiar. No hay que saber ni pensar. Ho´oponopono es aceptar que hay una parte de mí que es más sabia. Hay que aprender a confiar en uno mismo, en nuestro Ser interior; mientras mayor sea la confianza, más intensa será la toma de mando por parte del Yo verdadero. Y mejores resultados se obtendrán en el trabajo con nuestra memoria trascendente.

Cuando confiamos, algo pasa, algo se transforma. Sólo tenemos que “observar”. Y potenciar o limpiar constantemente, repitiendo las palabras o frases y sabiendo que estamos impulsando el afianzamiento o el borrado. Por las experiencias acumuladas en la cadena de vidas, tenemos multitud de pensamientos y archivos dañados, así que hay que borrar permanentemente hasta que llegue un momento en el que el Unihipili o Niño Interior lo haga de forma automática. La elevación del grado de consciencia facilitará la revalorización o eliminación de archivos de manera natural; y en ese trabajo interior encontramos nuestra verdadera Esencia.

Y asumir la responsabilidad íntegra de nuestra vida implica, igualmente, aceptar la responsabilidad por los pensamientos y acciones de las demás personas que aparecen en ella. Lo cual, lejos de ser una rémora agotadora, es una magnífica oportunidad, pues si soy responsable lo puedo cambiar. La gente que llega a nuestras vidas y con las que nos relacionamos de un modo más o menos familiar y estrecho no lo hace por casualidad, sino porque compartimos archivos con Amor, sin Amor o de ambos tipos. Esto es lo que nos une en la dimensión de las formas, pues en la dimensión subyacente estamos unidos en la Esencia divina. Cuando son archivos dañinos, la otra persona dirá cosas que nos molestan, realizará actuaciones que nos causan dolor o padecerá enfermedades. Ante ello, lejos de contrariarnos y reaccionar defensivamente o con agresividad, seamos conscientes de que no es sino una proyección de mí y ocasión para borrar tales archivos. Así que digo “te quiero” o “lo siento, por la parte de mí que ha creado esto y lo ha traído aquí o a ti” para desactivar el archivo contaminado, que se eliminará no sólo para mí, sino también para el otro. Quien toma la responsabilidad es el que borra.

A muchos les parecerá increíble, pero el camino más fácil es asumir la responsabilidad completa de nuestra vida, incluidos todos los hechos, circunstancias y personas que nos rodean; los pensamientos y actos propios y los de aquéllos que se relacionan con nosotros. En todo lo que llega y acontece hay que ver una preciosa oportunidad para que el Ser interior coja el mando y potencie o limpie los archivos (pensamientos, actos, experiencias,…) con o sin Amor, respectivamente, guardados en nuestra memoria trascendente. La paz empieza en nosotros, por lo que decir “gracias, te amo” es el mejor regalo que podemos hacerle al mundo.

“Ho’oponopono” apoya la restauración del equilibrio y la armonía en la persona y, a través de ella, de la Creación. Ayuda a que el ser humano sea permanentemente consciente de su Ser profundo, desactivando el piloto automático del ego, generando paz y consiguiendo que nuestros actos se basen en la inspiración. En este orden, hay que diferenciar bien entre intuición e inspiración -términos que hemos usado con reiteración a lo largo del texto-. La primera procede de la memoria trascendente: algo que ya pasó puede volver a repetirse y la intuición nos avisa (los sueños premonitorios son un exponente de ello). La inspiración, en cambio, es algo nuevo, una guía que emana desde nuestro Yo verdadero y nos ofrece algo novedoso para nosotros y para nuestra vida.

“Ho´oponopono” va más allá de la Ley de Atracción porque no es posible controlar todo lo que tenemos en el inconsciente, pero que, no obstante, estamos proyectando y plasmando en nuestras vidas. Con Ho´oponopono se atrae lo que se agradece, lo cual coloca al Amor Incondicional en primer lugar.

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El juego, la alegría y la risa

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Hay veces, cuando paseo por las calles, que me fijo en los rostros de las personas con las que me cruzo, y dejo que surja aquello que me transmiten… preocupación, prisas, estrés, tristeza, tensión, ansiedad, desconfianza, sufrimiento y ,en general, unos gestos compungidos con aires de cierta “gravedad”. Pocos son los que trasmiten esperanza, paz, serenidad, confianza, asombro, optimismo y esa alegría de vivir que le da brillo a la mirada y dibuja una sonrisa en la cara que tan bien le sienta a cualquier rostro.

Sin embargo, cuando veo a niños en el parque, fácilmente se ríen, se divierten, se sorprenden por cualquier cosa, juegan con otros niños y su entorno de una manera desenfadada y amena, sin pensar en qué les pasó ayer o qué tendrán que hacer mañana. Simplemente están viviendo su presente, disfrutando del momento, sin miedos ni cortapisas… y me pregunto: ¿Cómo y en qué momento perdimos esa alegría?…

Luego me digo ¿de qué sirven los conocimientos si no nos ayudan a ser más felices?…, ¿de qué nos sirve teorizar bonito si no nos hace mejores y trae alegría a nuestras vidas?…

Hay mucha gente seria por ahí, esforzándose en presentar una imagen de eficiencia, de cultivado, de académico, de responsable y cumplidor, digna de asumir cargos importantes… Sin embargo, prefiero darle menos importancia a la imagen y buscar el alma de las cosas… la alegría, lo auténtico, lo genuino, lo pleno, lo esencial, lo real.

Sí, hay un niño en mí, y quiero que así siga siendo. Un niño que investiga, que experimenta, que todavía se asombra, que aprende y que crece sin dejar de ser niño; pero sobre todo que juega, que busca la alegría y la risa como valiosos tesoros que gusta compartir.

El juego no es tan solo un divertimento donde empleamos las horas libres para matar el tiempo o amenizar el aburrimiento, el juego de la vida es toda aquella actividad en la que investigamos, experimentamos, aprendemos y compartimos; y en todo ese proceso avanzamos en nuestro conocimiento y vivencia de la Realidad. El juego no es tampoco divertirse a costa de alguien, eso no es jugar sino ser cruel, ni está reñido con la responsabilidad y la consideración al prójimo, que es, al fin y al cabo, el compañero de juegos. El juego tampoco es competir, como nos han inculcado, en el que siempre hay un perdedor y un ganador, sino que es compartir. Eso es lo bueno de jugar. Un niño no necesita más que un espacio adecuado, la libertad de su imaginación y alguien con quien compartir sus juegos para ser feliz. Se sabe que la alegría y la risa aumentan el sistema inmunológico fortaleciendo nuestras defensas, es un poderoso aliado contra la depresión, estimula la expansión, las ganas de compartir, y se convierten a menudo en el camino más corto del entendimiento. La alegría y la risa son los compañeros del juego que a todos involucra, que incluyen y no excluyen, que amabilizan los sentidos para ver la vida de otra manera, con optimismo; que alejan las preocupaciones y tristezas, que curan las heridas y disuelven los resentimientos, que transmiten libertad y que siembran semillas de Amor… Magia, pura Magia, al alcance de una sonrisa.

Porque aunque juguemos a juegos de mayores sigue siendo un juego, porque el universo es un gran parque y algún día jugaremos de punta a punta, porque la alegría es la pura expresión del Ser en un sentimiento dichoso, porque estar alegres es sonreír a la Creación y que ésta te devuelva la sonrisa, porque la sonrisa siempre es bella y la belleza se vuelve una sonrisa, porque la risa es la esencia de la felicidad y ésta le pertenece tanto al niño como al sabio…

Quítate ese traje gris de seriedad,
despójate de ese gesto de gravedad,
ponte tan sólo una blanca camisa,
retoma el juego, la alegría y la risa;
porque el miedo es la negación a la Vida,
porque la sabiduría… no puede ser aburrida.

Ángel .º.

-DETRÁS DE LO APARENTE-

 

Desde que el ser humano nace y durante todo su proceso de crecimiento, recibe continuamente mensajes que empiezan a moldear su personalidad y a incluirlo en una especie de prisión colectiva de la cual le será muy difícil liberarse.

CegueraEsiritual

“Come esto”, “no hagas eso”, “cree en esto”, “sé un buen niño” o “eso está mal” son algunas de las muchas frases que se escuchan a diario durante los procesos tempranos de enseñanza en cualquier tipo de relación (padre-hijo, profesor-estudiante, sacerdote-creyente, etc…).

Es así como el incipiente ego del ser que está siendo “formado” empieza a identificarse con ideas de todo tipo, con creencias, valores y costumbres que lo hacen encajar en la sociedad y que de cierta forma le otorgan una falsa seguridad por medio de la aceptación externa.

Muchas personas podrán decir que todo esto es normal, que es normal que el niño o la niña tengan una religión, que es normal que sepan lo que está bien y lo que está mal, y por supuesto que es totalmente normal que sean censurados y castigados cuando se desvían del canon establecido.

Pero lo cierto es que gracias a este concepto de normalidad, los niños se ven obligados a heredar el pasado de sus padres y de su sociedad; y así acumulan todo tipo de dogmas, prejuicios y supersticiones que los llevan a vivir la vida de los demás, a buscar la certeza en el exterior y a actuar de acuerdo con los mandamientos fundados por otros.

A la gran mayoría de los seres no se les permite establecer sus propias comprensiones sobre la vida, desde pequeños se les enseña a obedecer y esta enseñanza permanece a lo largo de su vida, obedecen a sus padres, a sus profesores, a su sacerdote, a los políticos de su país, a su jefe… siempre obedecen. Esta es precisamente la gran enfermedad de la humanidad, una enfermedad transmitida de generación en generación.

Por otro lado, en un pequeño porcentaje están quienes se han cansado de la obediencia y se han puesto en contra de la sociedad. Estas personas creen que solo mediante el rechazo podrán liberarse de las imposiciones colectivas, pero lo cierto es que siguen siendo dominados
43e39040por esa sociedad a la que han convertido en el objeto de sus luchas, en su centro y en el factor determinante de sus vidas. Ellos simplemente han pasado a ser presos de otro tipo de colectividad y a ser influenciados por otros ideales.

Ni los primeros ni los segundos han logrado comprender la vida por su propia cuenta, ninguno de ellos se ha detenido a mirar dentro de su propio ser como primer paso para tener una visión clara de lo que sucede afuera. Tanto unos como otros se han centrado en el exterior y han elegido la certeza por encima de la comprensión.

Son realmente muy pocos quienes han decidido dar un paso más allá hacia la comprensión de la vida y es entendible que sea así pues se trata de un arduo camino que requiere de mucha voluntad y dedicación. Se trata de desaprender lo que se ha aprendido a través de los años y emprender una suerte de rebelión interna e individual que le permitirá al ser hacerse consciente de sí mismo y conocerse en profundidad para poder establecer una relación de armonía y equilibrio con el mundo externo.

Vale la pena señalar que aunque este camino no implica el alejamiento de la sociedad o la renuncia al relacionamiento interpersonal, tampoco debe ser emprendido con la esperanza de transformar el mundo pues se trata de un recorrido individual que en muchas ocasiones desemboca en la soledad.

Seguirán habiendo padres, madres, jefes, sacerdotes y profesores, pero el individuo que ha logrado despertar del letargo del condicionamiento podrá relacionarse con ellos sin ser dirigido ni coaccionado. Se hará responsable de su vida y se moverá en la incertidumbre que le traerá el descubrir la naturaleza impermanente de las cosas.

Cuando este cambio suceda, el ser encontrará que no hay autoridad a la que seguir, religión en la que creer ni sociedad en la cual encajar. Una persona que haya emprendido un proceso serio de conocimiento interno no estará a favor ni en contra de nada ni de nadie, observará la vida sin juzgarla y se liberará definitivamente de las prisiones de la mente.

“Fija tu atención en ti mismo;
sé consciente en cada instante
de lo que piensas, sientes, deseas y haces”.
-G.I. Gurdjieff-

 

Fuente: Universo Integral

-Entrevista a Bruce Lipton-

Película “LA BIOLOGÍA DE LA CREENCIA” al final…

 

sanar con los pensamientos

Bruce Lipton reclama una nueva medicina, la que tenga en cuenta la capacidad de curar a través de la energía, mucha más eficaz que los medicamentos. Bruce Lipton ha conseguido aunar ciencia y espíritu. No es poco mérito el suyo si tenemos en cuenta lo “alérgicos” que son los científicos a los temas trascendentales. Es doctor en Biología Celular y fue pionero en la investigación con células madre. Sus estudios sobre la membrana celular y las modificaciones de las células según el entorno sentaron las bases de la nueva epigenética. Sus descubrimientos (que iban en contra de la opinión científica establecida de que la vida es controlada por los genes) y el estudio de la física cuántica le han llevado a criticar duramente la medicina convencional. Es autor de libros como “La biología de la creencia” y “La biología de la transformación”.

A continuación veremos una entrevista realizada al Doctor Bruce Lipton:

Usted asegura que la medicina convencional va por muy mal camino. ¿Tan peligrosos son los medicamentos que nos recetan?

Nos dan medicamentos para la enfermedad, pero esto causa muchos problemas en el cuerpo. Porque esta medicina basada en la farmacología no entiende cómo está interrelacionada toda la bioquímica del organismo. Cuando tomo una pastilla química y la introduzco en mi cuerpo, no solo afecta a aquel lugar donde tengo el problema, sino que afecta a muchas otras cosas a la vez. Son los llamados “efectos secundarios”. Pero, en realidad, no son secundarios sino directos. No entienden que el efecto de las drogas no solo crea un efecto sino múltiples. Según las estadísticas en EEUU, ¡los fármacos matan allí a más de 300.000 personas cada año! Y esas personas son muchas más que las que mueren por tomar drogas ilegales. Hay algo que no funciona en la ciencia médica. Hace algunas cosas bien, como la traumatología, pero está matando a mucha más gente de la que ayuda. Tiene que aprender cómo funcionan las células.

bruce lipton

¿Y qué ha descubierto sobre las células pero que no tiene en cuenta la medicina?

Yo ya trabajaba con ellas en los años 60. Fui un pionero porque en esa época había muy poca gente trabajando en ello. Y un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo. Puse una célula madre en un plato petri y, como cada diez horas se divide en dos, al cabo de dos semanas, tenía miles de células, todas idénticas. Luego cogí algunas de ellas, las coloqué en otro plato y cambié el entorno celular (son más como peces porque viven en un entorno fluido). Cambié la química en ese plato y ahí formaron músculo. Después, cogí otras del primer plato y las puse en un entorno diferente, y se formó hueso, y otras se convirtieron en grasa al volver a cambiar el entorno. Entonces, la pregunta es muy sencilla, ¿qué controla el destino de las células? Todas eran idénticas, lo único que era diferente era el entorno. Cuando cojo células sanas y las coloco en un entorno nocivo, las células enferman y mueren. Si un médico las mirara, diría: “¿Qué medicina hay que darles?” ¡Pero no hace falta ninguna medicina! Les cambias el entorno nocivo, las colocas en uno sano y saludable y las células sanan. Los humanos somos una comunidad de 50 trillones de células, por tanto, la célula es el ser viviente y la persona es una comunidad. ¡El humano es un plato petri cubierto de piel!

¿Cuál es el entorno de la célula que hay que cuidar?

Dentro de mí hay 50 trillones de células y el entorno celular para nosotros es la sangre, por ello la composición de la sangre cambia el destino de la célula. ¿Y qué controla la sangre? Pues el sistema nervioso, que crea una química diferente según el sistema exterior. La célula y el ser humano son la misma cosa. Por ello, si pongo al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, también enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana. Por tanto, la medicina culpa a las células por la enfermedad y trata de cambiar la química de las células, pero ese no es el problema, el problema es el entorno. Y si cambias a la persona de entorno, sin medicamentos, el cerebro cambia la química. El cerebro de la célula y el de la persona leen y entienden el entorno.

En un entorno sano, ¿nos curamos automáticamente? ¿Así de fácil?

entrevista bruce lipton

No es tan fácil, porque la mente interpreta. Puede suceder que estemos en un entorno muy sano y que la mente lo lea como un entorno negativo o perjudicial. Entonces crea una química que hará a mi cuerpo enfermar. La diferencia entre la célula y el ser humano es que este tiene una mente que hace una interpretación y la célula lee el entorno directamente. Si metes un programa con errores en la mente, entonces la química que genera no está en armonía con la vida. Y esto nos sirve para entender cómo funciona un placebo. Cambio mi creencia y pienso que esto me va a sanar, tomo una píldora porque creo que esto me va a traer salud, y me mejora y me sana, pero la píldora podría ser de azúcar, en realidad no ha hecho nada, han sido mis creencias. Y a eso lo llamamos pensamientos positivos y efecto placebo.

¿Está diciendo que el efecto placebo –creer que algo nos sanará– es más curativo que un medicamento? Pero no hay casi investigaciones sobre eso.

Sí, tienes razón. ¿Eres consciente de que hay más de una manera de hacer energía sin tener que depender del petróleo? Pero seguimos dependiendo del petróleo porque no interesa el cambio a los que controlan la energía. Lo mismo pasa con las empresas farmacéuticas. Venden fármacos y ¿poder sanar sin fármacos es bueno o malo para la industria farmacéutica? No quieren que sanes sin comprar sus fármacos. ¿Se puede poner energía en una cápsula? Si fuera así, las farmacéuticas intentarían vendértela. Si puedo sanar sin usar medicamentos, la industria que los produce no gana dinero. Deberíamos poder decir que la ciencia está separada de la industria farmacéutica, pero no es así, porque con el dinero de esta se paga el desarrollo de la ciencia, y ese dinero solo va esos estudios que dicen que las drogas funcionan. El dinero controla la ciencia.

Explíquenos cómo funciona ese poder que dice que tiene la mente para la autocuración.

He hablado de que la mente controla: si piensa de una manera, se va en una dirección y, si piensa de otra, se va en otra. Por ejemplo, cierro los ojos, los abro y veo a alguien a quien amo. Entonces mi cerebro segrega dopamina, oxitocina, etc. Lo puedo sentir en mi cuerpo, puedo sentir el amor, y esa química trae salud a las células. Por eso, quien se enamora se siente tan bien. Pero si abro los ojos y veo algo que me asusta, segrego hormonas del estrés. Y estas hacen dos cosas. La primera es que frenan el crecimiento del cuerpo. Porque si me está persiguiendo un león, necesito toda la energía para poder escaparme, y mi organismo apaga todo lo que no sea imprescindible para correr más rápido, así que se paraliza todo lo que tiene que ver con el crecimiento. La gente no lo sabe, pero tienes que crecer todos los días, porque, si no, te mueres. Cada día cientos de billones de células mueren y tienes que ir produciendo nuevas. Cada tres días, el sistema digestivo renueva sus células, pero si se interfiere con ese crecimiento, entonces no puedo estar sano porque estoy perdiendo demasiadas células al día, por eso la quimioterapia hace que se caiga el pelo y crea problemas de digestión, porque mata todas las células, no solo las del cáncer. La segunda consecuencia de las hormonas del estrés es que se cierra todo aquello que usa energía, y el sistema inmunitario usa muchísima energía: cuando estás enfermo, te sientes muy cansado porque tu energía la está usando el sistema inmunitario.

Eso significa que el estrés nos hace enfermar, ¿no?

Las hormonas del estrés apagan el sistema inmunitario, incluso la medicina usa este efecto en algunas ocasiones. Por ejemplo, si me trasplantaran un corazón, mi sistema inmunitario lo rechazaría. En esos casos, los médicos dan hormonas del estrés y eso impide que funcione el sistema inmunitario. Es tan claro que suprime el sistema inmunitario que lo usamos como un medicamento. Cuando la persona está bajo estrés, afecta de dos maneras: la primera es que deja de haber crecimiento y la segunda es que se apaga el sistema inmunitario. De esta forma, virus nocivos pueden atacarme fácilmente. Cuando estás bajo mucho estrés, te enfermas. Y debo decir que, si tomamos una muestra de sangre de cada persona, descubrimos que todos tenemos células cancerígenas. Las tenemos siempre, pero si está funcionando el sistema inmunitario, no pueden crecer. Una vez que se apaga el sistema inmunitario, proliferan. Es como el catarro: no tienes que coger el virus, ya lo tienes dentro. Son organismos oportunistas. El 90 por ciento de la gente que va al médico es debido al estrés, y también el cáncer funciona igual.

Si pones al ser humano en un entorno nocivo, igual que la célula, enferma. Si lo trasladas a un entorno sano, entonces sana.

Explíquenos qué es la medicina cuántica o medicina de la energía.

Como decía, la primera razón por la que la medicina de hoy es cuestionable es porque los médicos no saben cómo funcionan las células. La segunda es que la medicina está basada en la física de Newton. No reconoce la energía, esa parte invisible, las señales electromagnéticas. Pero, a principios del siglo XX, apareció la física cuántica, que dice que todo es energía, lo que podemos ver y también lo invisible. Si miras dentro del átomo, hay electrones, protones, neutrones. ¿Y qué hay dentro? Energía. La ciencia más reciente indica que el cuerpo responde a la física cuántica, no a la newtoniania. La medicina dice que quiere cambiar la química del organismo con drogas y la nueva medicina dice que hay que cambiar la energía. Y esta nueva medicina, la cuántica, es mucho más poderosa, porque responde primero el campo energético que el físico.

Si todo es energía, ¿los pensamientos también? ¿Cómo influyen en nuestra salud?

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La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química. Así que esto es peor para las empresas farmacéuticas porque no lo pueden vender. Por tanto, no les interesa una conexión entre la mente y el cuerpo. Pero es cierto que las propias creencias se convierten en un campo energético, una transmisión, y esta se transforma en una señal que es capaz de cambiar el organismo. Y así es como funcionaba la sanación antes del desarrollo de la medicina. La gente sanaba con los chamanes, con las manos… pero eso no puede vender y por eso la medicina no quiere ir por ese camino. Y es la razón por la que yo cambié mi carrera. Estaba enseñando en la universidad que hay que seguir con drogas y sabía que eso no era verdad. La medicina lo conoce, pero no habla de ello. Sabe que el pensamiento positivo, el placebo, puede sanar, y también que el pensamiento negativo puede matar. Uno se llama placebo y el otro nocevo. En realidad, no es que sea positivo o negativo, es la manera de pensar. Si el médico te dice que tienes cáncer, aunque no tengas cáncer, si lo crees, crearás la química que generará cáncer. Por tanto, el problema no es tanto el entorno real sino el que tú interpretas.

La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química.

Y eso enlaza con la física cuántica.

Totalmente. Por eso no funciona la medicina, porque no reconoce la ciencia cuántica. No mira hacia ahí porque el dinero está en otro lado.

Usted ha explicado que, en la mente, quien realmente tiene el poder es el subconsciente, ¿por eso es tan difícil cambiar hábitos de pensamiento?

Es millones de veces más poderoso y más importante que la mente consciente. Utilizamos el subconsciente el 95 por ciento del tiempo.

Pero no lo podemos controlar.

Lo puedes reprogramar. La información del subconsciente se recibe en los primeros seis años de vida. Eso que aprendiste en esos años se convierte en el conocimiento fundamental de tu vida. Por tanto, hay muchos estudios que demuestran que las enfermedades que tenemos de adultos, como el cáncer, tienen que ver con la programación y el entorno que vivimos en los primeros seis años de vida.

Es decir, los niños absorben también sus enfermedades o sus actitudes negativas, y así se ‘programa’ su subconsciente. ¡Qué gran responsabilidad para los padres!

La gente, cuando oye esto, se preocupa, se culpa. Pero no eres culpable si tú no sabes que el subconsciente funciona así. No lo sabían nuestros padres, ni nuestros abuelos ni bisabuelos. Ahora bien, cuando lo entiendes, tienes que cambiar tu manera de vivir, porque entonces sí eres responsable. Está demostrado que si un niño adoptado vive en su familia casos de cáncer, en su madurez puede padecer cáncer aunque su genética sea diferente. Sería algo así como conducir un coche: si te enseñaron a conducir mal y has automatizado esa forma de conducir, pues lo más probable es que tengas accidentes. Si te enseñaron a maltratar tu cuerpo con mala información, destruirás el vehículo de tu cuerpo, cuyo conductor es la mente. El futuro es una mejor educación para los niños, incluso en la etapa prenatal.

¿Podemos reprogramar el subconsciente para estar más sanos o ser más felices con nuestra vida?

Los comportamientos que vienen del subconsciente no los percibes y pueden estar haciéndote daño. Quizás te sientes enfermo y echas la culpa a otra cosa. Al cambiar estos programas erróneos en el subconsciente, puedes recrear toda tu vida. Hay varias maneras de hacerlo. Se piensa que, cuando la mente consciente registra algo, la subconsciente también filtra esa información, pero no es así. La mente consciente es creativa y la subconsciente trata de todos los hábitos. Si le enseñas al subconsciente algo diferente, se lo enseñas también a la consciente, pero no al revés. Por ello, la manera de reprogramar es repetir y repetir hasta que se crea un hábito. Si leo un libro de autoayuda, mi mente consciente dice: “Sé todo lo que hay en el libro y lo aplico”, pero la subconsciente no se entera de nada. Entonces, piensas: “¿Por qué sé tanto y todavía mi cuerpo no funciona?”. Los pensamientos positivos, el conocimiento… solo funcionan el 5% del tiempo, pero el 95% son los hábitos que tengo desde mi niñez. Y esa es la razón por la que los pensamientos positivos no son suficientes. Ayudan, pero no ves muchos resultados. Todo sigue igual hasta que no cambias el subconsciente. Técnicas de psicología basadas en la energía como la hipnosis o el Psych-K son una manera de cambiar el subconsciente, es como un aprendizaje rápido.

Con su investigación, ha aunado ciencia y espíritu, un binomio que evita la mayoría de los científicos. ¿Usted cree en la eternidad?

ciencia y espiritu cuantica

Absolutamente, sí. No hay dos personas iguales, y lo digo desde el punto vista biológico. Si cojo mis células y las traslado a tu cuerpo, no soy yo, el sistema inmunitario las rechaza. En las células hay como una especie de antenas en miniatura. Son receptores y algunos son autorreceptores. Tú tienes diferentes autorreceptores a los míos. Pero los receptores reciben las señales del entorno. Si corto esos receptores, la célula no tiene ninguna identidad, porque no le viene de dentro sino de fuera. Para explicarlo de forma gráfica, diría que el cuerpo es como un televisor: mis antenas captan y reproducen el programa televisivo de Bruce. Esos receptores recogen esa transmisión. Si estoy viendo la tele y se estropea el tubo de la imagen, ha muerto el televisor, pero sigue la transmisión. Así que cojo otra, la enciendo, conecto el canal y vuelvo a ver el programa de Bruce, pero en otra tele, o lo que es lo mismo, en otro ser. Si ese ser tiene los mismos receptores que tienes tú, volverás a estar trasmitiendo lo mismo, pero en otro cuerpo. Esto explica la reencarnación y quiere decir que el cuerpo puede ir y venir, pero la transmisión siempre está ahí.

¿Eso le hizo creer que tenemos espíritu?

Nunca había creído en el espíritu, pero cuando comprobé esto en la célula, me cambió la vida entera. La pregunta que me planteé es: ¿por qué esa duplicidad?, ¿por qué tener un espíritu y un cuerpo? Y la respuesta vino de mis células: si solo existiera el espíritu, ¿a qué sabe el chocolate? Solo con la parte espiritual, ¿cómo vivir una puesta de sol? ¿Qué se siente cuando se está enamorado? Todas esas sensaciones vienen de las células del cuerpo, que puede oler, sentir, tener experiencias. Recoge todo eso, lo transmite al cerebro. Se convierte en vibraciones y lo transmite a la fuente del ser. Si se muere mi cuerpo, mi fuente de ser y mi espíritu tienen la memoria hasta que tenga otro cuerpo. La lección más importante es que estar vivo es un regalo, una alegría por todo lo que podemos sentir. Cuando hagamos eso, todo el mundo estará sano.

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Por Max Igan

Cuando la gente ve el mundo de hoy, a veces puede ser simplemente deprimente.Simplemente no hay otra palabra para describirlo. Y no es interesante la rapidez con que el mundo ha cambiado y convertido de esta manera en los últimos años? Realmente ha sucedido con bastante rapidez. En un momento estábamos libres y la mayoría quedamos con ganas de un futuro brillante, entonces, de alguna manera nos encontramos en el mundo de hoy, donde los gobiernos están completamente fuera de control, nuestra policía han sido militarizado, Europa está cayendo a pedazos, y cada uno tiene para en su mayor parte, ha engañado por la propaganda en la corriente principal de pasar la mayor parte de su tiempo mirando por encima de su hombro preguntando si el individuo al lado de ellos en el autobús es un “terrorista”. Por supuesto, en los que cuestionan estas masas son aquellos individuos despiertos y en sus albores que saben perfectamente quienes son los verdaderos terroristas, es decir, el gobierno, y que puede ver a través de la fachada de la campaña de miedo predominante en la actualidad. Sin embargo, la gente incluso más despiertos todavía permanecen perplejos y frustrados en sus esfuerzos a la búsqueda de cualquier remedio a esta situación.

Al despertar y descubrir el mundo no es lo que pensaron en un principio que fuera, un gran número de personas suelen comenzar buscando en el funcionamiento del sistema y son guiados en un agujero de conejo de las teorías de la conspiración sin fin, algunas de las cuales son verdaderas, la mayoría de los cuales son fabricados a propósito de ruido, y en última instancia, terminan en un estado de confusión, frustración o peor, a continuación, con la mayor parte perderse en su búsqueda constante de un culpable. Como si señalar con el dedo a alguien y gritando “Usted!” Es en realidad va a cambiar nada. Pero esto parece generalmente que es la forma con la naturaleza humana, buscamos a alguien más a quien culpar por meternos en este lío, y luego exigimos otra persona solucionarlo.

Hacemos esto porque por lo general, la gente ha sido programada de manera muy eficaz para que acepten dos dos realidades diametralmente opuestas muy falsos y, de hecho, como verdadero. Por un lado nos consideramos muy importante, el rey de la propia castillo por así decirlo, y la demanda que ser servido por otros de una manera oportuna y para nuestra satisfacción; consideramos a nosotros mismos un poco por encima de los trabajadores comunes que pueden emplear para cualquier tarea en particular – y por otro lado vemos nosotros mismos como personas pequeñas insignificantes que no pueden realmente hacer una diferencia en el mundo y debe mirar a otros más prudentes, o poner nuestra fe en los líderes para llevarnos milagrosamente a un mundo mejor. De hecho, es esta misma actitud, esta extraña combinación de dos realidades completamente falsas en uno que ha llevado a la humanidad a nuestra situación actual.

La vida es una cosa increíble. Es un crisol de expresión y maravillosa diversidad potencial humano mediante el cual sólo está limitado por la creencia de la gente, o la falta de creencia, en sus propias capacidades y por los límites que se imponen a sí mismos. Me refiero Seguro, puede haber barreras financieras que todos enfrentamos en cuanto a la realización de algún proyecto u otro, pero en un nivel más profundo, como especie, como sociedad, como las expresiones de la creación de cada uno de nosotros en última instancia, estamos, ponemos límites en nuestro potencial debido a nuestras creencias de lo que es nuestro potencial y nuestra creencia y la comprensión de lo que es y no es posible. De esta manera, hemos impuesto nuestras propias limitaciones sobre nuestro potencial.

Gran parte del tiempo tales limitaciones son el resultado de la programación, la adaptación de las creencias de otra persona que se ha superpuesto sobre la nuestra. Y a esto lo llamamos educación. Es la educación, o la falta de ella, que hemos recibido que nos ha llevado finalmente a este punto porque la educación moderna es, de hecho, poco más que adoctrinamiento y entrenamiento. Ha sido esta formación que nos ha llevado a creer que los dos estamos, todos importantes, y en última instancia insignificante e intrascendente, en el mismo momento.

El catalizador que mantiene la programación en conjunto es el uso sutil de miedo a lo largo de todo el sistema educativo. El sistema de clases, la presión del grupo de pares, miedo al fracaso, los exámenes, el sistema de clasificación, la separación en grupos de edad, los diferentes sistemas de agrupación – alfa, delta, etc, el respeto implacable por la autoridad que está inculcado a los niños … Todos se basan clase , todos están diseñados como mecanismos de división y de control, y todos utilizan el miedo como el catalizador con el fin de que funcionen.

Este uso del miedo como catalizador y la programación subliminal sutil en la combinación y la aceptación de dos realidades completamente opuestas en una sola, como es natural crea un gran cisma en la psique del individuo. Y es fácil de hacer una jugada para un mayor control a partir de ese punto en adelante. Cuanto más impotente el individuo se siente en la cara de un sistema cada vez más monstruosa y dominante, la más desesperada y fanático se convierte en sus intentos de mantener una sensación de poder y control sobre su propio espacio individual. Así, cuanto más aislado cada uno se convierte de sus familiares, amigos y compañeros y por lo tanto la brecha social también se amplía continuamente entre las familias individuales. Y, por supuesto, a través del uso de un sistema monetario basado en la deuda deliberadamente diseñado para colocar a las personas en un estado interminable de la deuda autogenerada, no importa cuánto éxito se convierte dentro de los parámetros del sistema, el miedo siempre permanece. El temor a la pérdida, de la escasez, de la inseguridad como una llave que gotea, gotea lentamente en algún lugar de la parte posterior de la mente de uno.

Divide y vencerás es el lema, y ​​la humanidad se ha cultivado casi a la perfección … casi.

Digo casi porque ahora, por fin, el velo se está levantando y la gente está empezando a darse cuenta de la verdad. Ahora están empezando a ver la forma en que se han jugado y están empezando a darse cuenta de que se requiere su atención a los asuntos de Estado.Pero, de nuevo, ¿con qué fin? Y como de costumbre, se preguntan, “¿Pero qué puede hacer una persona poco?” Bueno, lo primero que hay que hacer, es dejar caer la programación “Soy sólo una persona pequeña”. Dejar de vender tu corto. Todo lo que existe dentro de toda nuestra sociedad es “gente pequeña”. Todos tienen igual valor y todos tienen el mismo potencial para el pensamiento creativo. Es pensamientos que han creado este lío, pensamientos convertido en acción y todo el mundo tiene el mismo potencial.

El problema es que a través de la programación de la mayoría han recibido, han perdido la conexión con su verdadero ser y son, en su mayor parte, sin darse cuenta de su propio potencial. Ellos se ven limitados por las limitaciones definidas por su programación y se ven limitados por el miedo.

Sí, la vida es una cosa increíble pero es regalo fugaz. Lo que es importante es lo que se hace con ella. ¿Qué legado ha quedado atrás? Se ha mejorado o deteriorado por el tiempo que pasa aquí la realidad? Y ya que no es más que un momento fugaz, lo que hay que temer realmente? Por lo que el miedo se va, en un único lado la gente en general están en el temor por su propia seguridad personal, mientras que en el otro, de la potencia abrumadora y aparentemente insuperable de la máquina. Se olvidan de que la máquina, el sistema, es una nube, es una ficción creada por el ser humano, el resultado del pensamiento volvió a la acción y que todos tenemos la capacidad de crear algo diferente si elegimos un paso atrás en nuestra humanidad y ver las cosas desde una perspectiva más humana.

En última instancia, la máquina puede tener este aspecto, todo poderoso organismo omnipresente, pero la realidad es que es sólo gente. La gente como usted o yo, que a su vez sus pensamientos en acción. Nuestro problema es que cuando se intenta hacer frente a nuestras quejas hacia ella que hacemos batalla contra la acción, no nos enfrentamos a las personas dentro de la máquina que pensaban que poner la acción en movimiento. Y de nuevo, hacemos esto como el resultado de la programación.

La mayoría de las personas tienen este sentido profundamente arraigado a la autoridad y la palabra escrita. Esto es lo que ha hecho que el sistema legal tan eficaz. La gente va a hacer lo incorrecto cuando saben que está mal debido al poder de la palabra escrita. Serán un paso fuera de su brújula moral creyendo que no tienen más remedio que hacerlo, simplemente porque otro hombre o mujer, escribieron en un papel y afirmaron que sea “ley”. De esta manera ya través de esta formación nos hemos permitido ser engañado, robado, controlado, acorralado, empobrecido y esclavizado. Hemos permitido destrucción sin precedentes de nuestro hábitat en el nombre de las ganancias corporativas por un pequeño puñado de personas que controlan las cosas en la parte superior. Hemos permitido interminables guerras, violaciones de los derechos humanos y el descarte de millones y millones de seres humanos bellos, cada uno de igual valor y con potencial para ser desechados, asesinados o simplemente olvidado, todo ello debido a nuestra sumisión y la obediencia a la palabra escrita. También es la palabra escrita que nos ha convencido de que los conspiradores en la parte superior de la pirámide son todos de gran alcance, que toda oposición a ellos es imposible y controlada, cuando nada podría estar más lejos de la verdad. La verdadera conspiración es que no hay tal cosa como “pequeños”.

La verdad es, que los de arriba son sólo las personas también. Las personas que tenían una idea y poner esa idea en acción. Por supuesto que se presentan a las masas por los medios como “celebridades” y de ser intocable mientras se le mantiene en la cinta de tener que pagar para estar vivo, viviendo siempre en el borde de la escasez y la búsqueda de sus placeres menudo indirectamente a través de sus vidas en lugar de su propio y por lo que en realidad nunca tiene el tiempo para darse cuenta de su propio potencial. Sin embargo, en el fondo, la mayoría de la gente sabe que está ahí. Ellos saben que tienen valor y que conocen este sistema está mal, pero no saben cómo cambiar las cosas.

El cambio vendrá cuando las personas se dan cuenta de su propia perfección, y aprender a respetarse a sí mismos lo suficiente como para ver que la perfección misma en otros. ¿Qué se necesita? Tal vez algún tipo de epifanía en todo el mundo, que sabe. Es de esperar que va a pasar simplemente por aquellos que están despiertos para mantener la información se extienda a otros de una manera que resonará. Cuando eso sucede, vamos a dejar de ver a este gobierno, como todos los poderosos cosa, y lo ven como personas. Los empleados que están todos de pie en el abuso de los cargos para los cuales han sido designados, y cuando esa realización realmente golpea a casa, vamos a cambiar el mundo en un día.

Quizás es simplemente el tiempo todos crecimos.

Max Igan

 

Traduccion: Google

LA LEY DEL EFECTO INVERSO

Cuando tememos algo intensamente, cuando algo no nos gusta o nos causa dolor y sufrimiento, nuestra reacción mental más habitual es la de resistirnos. No lo aceptamos, lo apartamos, lo evitamos, nos alejamos de ello, lo negamos.
Cuando algo nos asusta hasta el punto de no soportar su presencia, la mente se niega a verlo, a reconocerlo y, entonces, hace un punto ciego. Es decir: lo reprime y lo aparta de la conciencia. Como si no estuviera ocurriendo o nunca hubiera ocurrido.
Y con esta resistencia, lo intentamos apartar de nosotros, pues lo estamos juzgando como malo.
Y con nuestro juicio dividimos el mundo: Bueno/Malo… Amigo/Enemigo… Amor/Odio… Pero el mundo de verdad no está dividido. La Realidad es Una.
Como decían los antiguos filósofos chinos, la Realidad es como un círculo, una Rueda girando sobre Sí misma, donde el Ying y el Yang representan los dos puntos equidistantes de la circunferencia.
En todo momento, el Yin se desplaza hacia el Yang, mientras que el Yang lo hace hacia el Yin.

Al resistirnos a algo, al apartarlo de nosotros evitándolo desesperadamente, lo que hacemos es desplazarnos hacia el otro lado, huir hacia el polo opuesto, ofreciendo el máximo de resistencia. Y cuanto más nos resistamos, con más atracción se irá desplazando nuestra mente hacia el otro polo.
Lo que estamos rechazando como negativo nos va atrayendo hacia él, como un poderoso imán. El “No” es la gran provocación. La invitación más irresistible.
Cuando insistimos exageradamente en evitar algo, la presencia de este “algo”, de este “evitar” se va haciendo insoportable, hasta el punto de dominar y ocupar toda nuestra atención. Al final, tan sólo pensamos en eso, o estamos dominados por aquello que estamos rechazando.
Esto sucede porque ponemos toda nuestra atención en el resultado. Es nuestro miedo a no lograr el resultado que deseamos.

Un cuento sabio Zen lo explica de la siguiente manera:

Un joven muy impaciente e impetuoso exigió, en una ocasión, a un maestro espiritual que le revelara inmediatamente el secreto de la Iluminación.
El maestro le respondió que no había ningún problema, únicamente que el joven tenía que cumplir un requisito previo, pues de lo contrario, con tan sólo oír el secreto, podría morir.
“Y te advierto que el requisito es difícil de cumplir”, le dijo el maestro.
“¡Dime de una vez de qué se trata!”, gritó el joven impaciente.
“Para poder escuchar el secreto, has de permanecer todo el día anterior sin pensar en monos”, le reveló el maestro.
“¿Sin pensar en monos?”
“¡Exacto! Durante veinticuatro horas seguidas has de evitar completamente el tener pensamientos sobre monos”, le aclaró el maestro.
“¿Pero qué tontería es esa? ¡No hay nada más fácil que lo que me pides!”, replicó el muchacho.
“¡Muy bien! Pues mañana te espero a esta misma hora. Y si has conseguido estar las veinticuatro horas sin pensar en monos, te revelaré el secreto de la iluminación”. Y se despidieron hasta el día siguiente.

Pueden imaginar lo que le ocurrió al jovenzuelo impetuoso. Tan sólo partir, comenzó a “comerse el coco”:

“¡Qué raro! ¡Pero, bueno, no hay ningún problema! ¡Yo nunca me he interesado por los monos…! ¡En mi vida me han importado un bledo los monos…! ¿Qué se me habrá perdido a mí con los monos…?” Y dale que te pego con los monos… “¿Pero que estoy haciendo? ¡Si ya estoy pensando en monos…! ¡Sin darme cuenta, no hago más que pensar en monos…! No paro de darle vueltas y más vueltas al tema de los monos! ¡Tendré que empezar de nuevo y contar veinticuatro horas a partir de este momento! ¡Y esta vez tendré más cuidado!”

Pero al siguiente instante de haberse hecho semejante propuesta, ya estaba de nuevo de vuelta con el tema de los monos…Y de nuevo volvía a intentar dejar de pensar en ellos… y de nuevo volvían a saltar en su cabeza… Más y más monos… Cada vez más monos…
Al día siguiente no acudió a la cita con el maestro. Ni al otro día tampoco…
De hecho, no le quedó más remedio que convertirse en un amaestrador de monos.

Si tratas de hacer algo sin comprender los fundamentos, el resultado será justo lo contrario.
Es una Ley fundamental de la vida.
Mucha gente se esfuerza por evitar muchas cosas, intenta evitar algo con mucho esfuerzo y acaba cayendo en la misma trampa.
No puedes evitarlo.
Chocamos precisamente contra lo que luchamos con todas nuestras fuerzas, porque nuestra conciencia se centra solo en eso.
Relájate, no te esfuerces tanto, porque solo puedes hacerte conciente mediante la relajación, no con el esfuerzo. Mantente tranquilo, en calma, en silencio, porque sólo podemos lograr nuestros objetivos en la vida desde la calma, la paz interior y la serenidad. Cuando no hay paz interior, sino lucha, resistencia, aquello que deseamos lograr o aquello que deseamos evitar, persiste. Esto sucede porque ponemos nuestra atención en el resultado, tenemos miedo a no lograr el resultado.
Adopta la postura de “no lucha” contra una situación.
Acepta todo lo que viene a tu vida, sin poner resistencia, simplemente aceptando, comprendiendo.

Si deseas algo, trabájalo con dedicación, pero desentiéndete de los resultados.
No te obsesiones con el resultado, no pongas tu atención en el resultado sino en los pasos que realizas para lograrlo.
Realiza tu labor y olvídate del resultado.
Confía en el Universo, en que todo saldrá bien.
Deja que tu Poder Superior te ayude.

 
Fuente: Camino al despertar.

Cómo llegamos al Amor… »

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Entrevista a: Claudio Naranjo

Es uno de esos genios chilenos que el mundo reconoce y los chilenos no. Siquiatra de la Universidad de Chile, antes de los 30 años salió a estudiar a Estados Unidos y se quedó allá, en Berkeley. “Soy un buscador sediento,” dice. Su incesante búsqueda la ha realizado libremente, más allá de los confines académicos y religiosos, y hoy, a sus 81 años, es un maestro espiritual respetado.

Impresionante el impacto de la primera vez que lo escuché, Me cautivan sus conocimientos infinitos sobre el camino para llegar a la sanidad, al amor, a nuestra naturaleza espiritual. Su mente prodigiosa ha hurgado en todas las tradiciones espirituales y sicológicas. Encuentra un camino y lo recorre entero, lo experimenta en sí mismo y enseña lo que le ha servido. Los ha recorrido todos: el cristianismo, las escuelas orientales, el chamanismo, las escuelas sicológicas, las audacias de la nueva era.

Aparte de su erudición, tiene el don de la palabra. Transmite lo que sabe como un artista. Sus conferencias son un deleite y a veces las termina tocando una pieza de piano, porque también es músico.

Actualmente tiene una casa en Berkeley, pero no se puede decir que vive ahí porque viaja sin cesar. En su larga vida se ha casado dos veces, y su único hijo, del primer matrimonio, murió en un accidente automovilístico cuando tenía doce años. El impacto de esa muerte lo adentró aún más en el camino que ha recorrido y enseñado.

Ha sido guía de miles de terapeutas y buscadores espirituales en todo el mundo.  Su mirada al predicamento humano es apocalíptica, pero también es optimista, porque él ha experimentado la transformación en sí mismo y le tiene fe. Dedica su vida a transmitir lo que sabe, en más de diez libros publicados, en conferencias y talleres. Lo hace sin grandilocuencia, pero con la convicción de quien no habla por boca de ganso, sino por su propia experiencia.

EL MAL

Tú dices que en el mundo hemos hecho muchas revoluciones y experimentos pero los humanos seguimos vacíos, disfuncionales y hasta peligrosos. ¿Qué es lo que nos falta?
Efectivamente, tenemos una historia muy larga de nobles propuestas y muchas revoluciones para el cambio social. Sin embargo, estas nunca han incluido una propuesta de cambio individual. Parece que ya es hora de entender de si queremos una sociedad diferente necesitaremos seres humanos más completos. No se puede construir un edificio de esa naturaleza sin los ladrillos apropiados.

¿Cual crees es nuestro problema individual?
Es un problema de origen emocional. Nos sentimos vacíos, inútiles, sin sentido. Tenemos una falta de armonía interior. La mayor parte de la gente, impulsada por este vacío, devora en su entorno, consume, trata de llenarse con la vida de los otros, llenarse de importancia, de poder.

¿Por qué estamos acostumbrado a vivir así, sin tomarlo como una anormalidad?
Padecemos una condición que en teología se llama dureza de corazón. La persona que está en pecado no sabe que está en pecado, está endurecida. La sicología llama a eso neurosis, enfermedad.

¿Como describirías este mal interno, cuáles son sus componentes?
Mi mentor, Totila Albert, (escultor y poeta chileno que murió a fines de los 50) lo veía como un desequilibrio interno entre las energías paternas, maternas y filiales. Al interior de la siquis el principio paterno se toma la autoridad y esclaviza a los demás. La sicología, desde Freud en adelante, habla de la toma del poder de lo mental por sobre lo emocional y lo instintivo.

¿Piensas que nuestra enfermedad tiene que ver con el sistema patriarcal?
Los años y la experiencia me han ido confirmando que nuestro mal es el sistema patriarcal. Hemos progresado en un sentido racional, tecnológico, pero al mismo tiempo nos hemos deteriorado en un sentido sico-espiritual.

¿Como se manifesta eso?
Cada individuo vive desde la cabeza, desde su superego, desde la tiranía del debería. De eso se trata la moralidad ordinaria, seguir las órdenes del padre internalizado. El ser humano lleva dentro de sí mismo un capataz y un esclavo, el esclavo es su naturaleza espontánea, instintiva, los elementos maternos y filiales.

¿Cómo nos afecta eso?
Nacemos en un mundo de tiranos, en que los seres que más te quieren son al mismo tiempo los que más te hacen sufrir. Nuestros padres, sin saber que nos dañan, se adueñan del control y la autoridad desconociendo la capacidad de autocontrolante del niño, con muy poca fe en su naturaleza interior. La actitud es: “Yo te amo y te acepto si haces las cosas de tal o cual manera.” Así se va transmitiendo esta cultura que poco a poco va consumiendo la naturaleza y que tiene armas para destruir varias veces el planeta.

LLEGAR AL AMOR

¿Cuáles son las razones de tu optimismo frente a este cuadro que pintas?
Hoy hay más conciencia que nunca del sufrimiento en su raiz, que es el sufrimiento del no ser, la sensación de sinsentido. La gente llega a las consultas sicológicas diciendo: “No estoy bien, esto no está funcionando”. En sicoterapia se dice que es un elemento de buen pronóstico tener conciencia de enfermedad. Por otra parte, aunque desde siempre ha habido gente que evoluciona, en este siglo existe lo que podríamos llamar una “metodología del amor”, que es la contribución de la sicología. Antes de la llegada del conocimiento sicológico pareciera que hubiera faltado alguna pieza, un recurso para esta empresa de cambio. El mero mandamiento de amar a los demás no ha servido, se necesita un método terapéutico más refinado para lograrlo.

¿Qué es lo nuevo que ha aportado la sicoterapia?
Instrumentos para conocerse a sí mismo, para sanar la herida emocional y para liberar lo instintivo. Los terapeutas tratamos de sacarle el policía interior a las personas. El ser humano es más completo cuando puede dejar que todos sus elementos internos, -la mente, el instinto y las emociones-, se abracen en vez de debilitarse combatiéndose unos a otros.

Eso de la liberación del instinto pareciera algo pecaminoso en el mundo que vivimos.
Yo tengo más fe en el instinto que en la civilización actual. Los instintos humanos libres se autoregulan. Una persona sana recupera esa espiritualidad que viene del animal interior; recupera, por ejemplo, la sexualidad, que está muy dañada en la mayor parte de la gente a pesar de que hay en el mundo una libertad sexual superficial que yo no veo como libertad, sino como una contrarrepresión a la represión. Eso no tiene nada de sano.

¿Qué ganas conociéndote a tí mismo?
Conocerse a sí mismo es conocer al falso ser, a ese idiota que llevamos dentro que constantemente nos hace sufrir. Cuando uno logra verlo, está comenzando a hacerse sabio. Es duro el autoconocimiento pero es importante saber lo que uno experimenta, tener conciencia de lo que se siente. Es sanador tomar conciencia de la agresividad inconsciente, del dolor inconsciente, del miedo inconsciente. Para sanar el odio, que es una plaga generalizada, inseparable del hiper deseo, de la codicia, de la necesidad nuerótica de más, es necesaria la aceptación sincera de esos sentimientos en uno.

¿Tiene el sentido de la confesión de los cristianos?
Si, porque proporciona ese espacio íntimo para confesarse a sí mismo. Es necesario ver todo eso para decir “basta, voy a abordar un camino nuevo, que es el camino amoroso”. El amor va mas allá de algunos sentimientos que se han idealizado como amor. Se idealizan las pasiones como amor, el enamoramiento como amor, pero el amor verdadero es una cosa muy poco dramática, es una actitud de no hacer daño a los otros, un sentimiento franternal.

Además de la sicoterapia, recomiendas la meditación.
Las enseñanzas espirituales de todas las culturas nos dicen que solo cuando la mente se aquieta puede reflejar algo que está más allá de ella. Si callamos nuestras voces pequeñas puede oirse una voz que está en otro nivel, que nos llevará por el camino correcto. Esa es la voz de la conciencia, del ser, la parte de la mente que da sentido a la vida.

¿Qué sería estar sano para tí?
Sentir el bienestar de ser.

EDUCAR LA AFECTIVIDAD

Has dicho últimamente que el tema de la educación te acalora. ¿Por qué?
Porque ya es hora de que tengamos una educación para el desarrollo humano. Tenemos una educación predominantemente intelectual, en que los demás aspectos del ser humano son desestimados. Nada necesitamos tanto como una educación afectiva, una educación de esa capacidad amorosa que es la base de una buena convivencia familiar y social. Si no alcanzamos una dosis mayor de bondad, toda la información técnica no va muy lejos.

¿Qué te hace pensar que eso es posible?
Es difícil, porque la educación tendría que superar sus tabúes contra lo terapéutico y contra lo espiritual. Eso no lo hace menos urgente. La educación podría incluir una instrucción espiritual no dogmática, prácticas concretas que sirvan al cultivo de la mente profunda, y un proceso de autoconocimiento guiado que lleve a los jóvenes no solo a cambios de conducta sino a esa transformación que es la esencia de la madurez humana.

Sin embargo ya existe algo así como una educación en valores.
Eso no es suficiente. Para llegar a encarnar los valores no basta esa combinación de instrucción y sermón que se llama la educación en valores. Son necesarios los procesos más profundos de los que hemos hablado. Los profesores tendrían que hacer esos procesos como parte de su eduación antes de poder guiar a los jóvenes.

Fin de mundo, se dice por ahí.

Estamos entrando en otra cosa. Parece que el barco se está hundiendo, una civilización se está resquebrajando. Yo pongo mi esperanza en el naufragio porque nada interfiere más para que tengamos un mundo mejor que el sistema de poder y de valores que hemos construido.

Hay mucha gente asustada.
Mas vale mirar esta crisis como una oportunidad, no hay que tenerle tanto miedo. Lo que se hunde es una cultura que tiene eclipsado el amor. El valor cultural predominante es la competencia, no es la solidaridad. Falta el reconocimiento colectivo de que lo verdaderamente humano es la solidaridad.

¿Ves esperanza?
La gran pregunta es cómo pasamos de un mundo a otro. Yo pongo mi confianza en la creatividad social. A los jóvenes les tocará la tarea de construir una nueva cultura desde la conciencia, desde los valores verdaderamente humanos. Pienso que en la rebelión de los jóvenes hay algo más de lo que se ve. Ellos saben, porque están más despiertos, que la educación que reciben es irrelevante,que no les va a servir para vivir.

SU PROPIA TRANSFORMACIÓN

¿Qué le dirías a alguien que desea abordar el camino que propones?
Que el cambio interior es un trabajo, una disciplina. Es necesario trabajar por nuestro progreso espiritual. El esfuerzo tiene mucho que ver con estar dispuesto a sufrir, a mirar lo doloroso y torcido que hay em uno. Después de esa etapa, que es terapéutica, viene un nuevo nacimiento. Nace el ser verdadero de uno mismo, que sabe vivir.

¿Cómo ha sido ese proceso en tí?
Mi búsqueda empezó con experiencias durante mi adolescencia en las que sentí un nivel de felicidad desconocido, pero fueron transitorias, las perdí. El hecho de haberlas perdido dejó en mi conciencia La sensación de que había algo que buscar, un estado muy superior a la felicidad ordinaria que antes había experimentado. Durante todo el tiempo que viví en Chile mi búsqueda fue mi ocupación principal, pero lo llevaba como algo secreto sobre lo que escribía em cuadernos privadísimos. Me sentía um bicho raro. Solo al llegar a trabajar a la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, al comienzo de la década del sesenta, me sentí en un oasis porque me encontré con otros buscadores semejantes, una nueva generación que se estaba liberando de la autoridad de sus mayores.

¿Qué era lo que cuestionaba esa gente?
Esa división del pensamiento humano en multitud de escuelas, religiones y tendencias que luchan entre sí. Eso se veía como el autoritarismo dentro de cada uno de los sistemas, el decir: “Miren, aquí está la verdad entera.”

¿Como veían ellos la cosas?
Pensaban que todas esas visiones eran complementarias, eran parte de un mismo pastel. Eso me hizo mucho sentido. Yo fui uno de los primeros colaboradores de Esalen, un centro de crecimiento que reunió el interés terapéutico con el espiritual, el artístico y el corporal, en una actitud integradora que después se generalizó en el mundo entero.

¿Hiciste todos los aprendizajes?
En Esalen había gente extraordinaria, y naturalmente los aproveché. Yo tenía una cierta invulnerabilidad al dolor, y, por lo tanto, al amor. Tenía una sequía interior.

¿Quienes te marcaron?
Un encuentro muy importante de ese tiempo fue con el creador de la terapia gestáltica Fritz Perls. Era un gran maestro y un hombre que había llegado a mucho. Participé en varios talleres de Gestalt con él, y como todavía no se había hecho famoso recibí mucha atención de él. Después fui uno de sus sucesores.

¿Qué aprendiste de Perls?
Pearls fue un profeta del aquí y el ahora, eso que con el tiempo se ha hecho tan común. Hizo sentir a quienes se acercaban a él que había como un camino del estar presente. Enseñaba a encarar el momento sin tratar de escapar hacia pensamientos acerca del pasado o del futuro. En la vida común el pasado y el futuro rara vez son tomados como objetos de La reflexión, sino que son objeto de ensoñaciones vacías. La recomendación de Pearls de vivir en el ahora se basaba en que solo vivimos el momento presente. Eso es algo que la persona sana sabe, pero las personas neuróticas no se dan cuenta, mientras están enredadas en una seudo existencia de pensamientos y emociones negativas.

¿Cuáles fueron tus primeras experiencias con la meditación?
Tuve la suerte de recibir instrucción de meditación de Suzuki Roshi, el primer maestro de meditación Zen que llegó a Estados Unidos. También fue importante la experiencia con el psicólogo americano Leo Zeff, uno de los grandes expertos en el manejo de la terapia con alucinógenos, que cuando se hace en manos de un experto puede acelerar mucho el proceso terapéutico.

Escuché que tu experiencia definitiva la tuviste en Chile.
Fue en Arica, con el maestro espiritual Oscar Ichazo. Ese fue el principal peregrinaje de mi vida, en el desierto de Azapa. Nos vinimos unos cuarenta compañeros de Esalen durante meses al desierto a trabajar con Ichazo. Ahí experimenté un verdadero nacimiento a un nivel de conciencia desconocido. Ese fue el comienzo de un camino de transformación profunda, sin vuelta atrás.

¿Que te ocurrió ahí?
Tuve una tremenda expansión, que partió de una experiencia mística. Recuerdo haber usado en mi diario la expresión “ví a Dios cara a cara”. No había palabras, no había contenido, ni siquiera silencio. Lo que más se acerca a lo que viví es la palabra nada, pero nada tiene sabor a nada y eso era más todo que nada. Cuando salí de la experiencia tuve un gesto de oración, de pedirle a Dios una confirmación de que esto era El. Y me surgió espontáneamente un cantar, algo hermoso, que entendí como una respuesta de lo divino a través de la creación de una belleza.

¿Qué pasó después?
De vuelta en California le decía a mis amigos: “Tengo la impresión de haber nacido de nuevo, de ser como una guagua que no tiene brazos ni piernas, que no sabe andar y apenas sabe hablar.” Tenía una gran conciencia de mí, y de la distancia que había entre mis actos y mi inspiración. En los momentos de recogimiento, de meditación, me volvía a invadir un estado que era como mi ser verdadero y me daba cuenta de lo absurdamente imperfecta que había sido mi acción durante el día. A través de este contraste empezó un aprendizaje del vivir. Era como una caída que era ascenso al mismo tiempo. En ese tiempo cambiaron radicalemente ciertas vivencias neuróticas, una cierta manera de depender de la gente, una cierta relación con el mundo. Pero había momentos que me sentía un idiota. Había siempre un saber que iba avanzando pero era más intenso que nunca el sentir que algo me faltaba.

Hás afirmado que pasaste por “la noche oscura del alma”.
San Juan de la Cruz le llamó así a esa etapa de su proceso, cuando luego de sentir una gran identidad con Dios, lo perdió.

¿Hay etapas definidas en el proceso de transformación?
Hay tantas descripciones como personas que lo han hecho. Como todo lo que pertenece a la vida, se puede mirar desde muchos puntos de vista. Lo que se puede ver a través de los místicos es que después de una fase purgativa viene una fase iluminativa, que es como una luna de miel espiritual; después viene la sequía, la dificultad, los obstáculos, en la que los santos pierden su santidad. Y all final se llega a lo que se llama la fase unitiva.

¿Consideras que llegaste ahí?
No, de ninguna manera. Me siento más que nunca en proceso, en transición, sin embargo me siento guiado desde adentro. Seguir adelante es algo que el cuerpo y el alma me piden. Ya no necesito ser empujado desde fuera.

Eso de mirar tus heridas, de estar consciente de todo eso, ¿terminó en algún momento?
No, eso nunca se abandona, yo diría que va en aumento. La sensación es que antes uno tenía la piel sana y el centro enfermo y después hace erupción el volcán y llega un momento en que se siente que está limpio el centro, uno está en paz consigo mismo, pero las heridas están más flor de piel, se ven más.

¿Es necesario tener que vivir con eso?
A mi me parece que todo está muy bien construido en la naturaleza de modo que sigamos caminando sin que se nos vayan los humos a la cabeza…

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